La chica más borde de la historia de ‘First Dates’ ve aparecer a su musculada cita y sucede lo que nadie esperaba

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Alicia, una malagueña de 26 años, es posiblemente la chica más borde que ha pisado First Dates. “Castigadora”, clara, directa y sin filtro ninguno, repetía en el restaurante del amor de Cuatro tras echar en cara a su anterior cita que tenía faltas de ortografía, que era un trolero y que era un empalagoso. Vamos, que el repaso fue mítico y el chaval se volvió a Sevilla calentito… pero posiblemente no en el sentido que a él le hubiera gustado: “Es muy pesado”, fue la conclusión que extrajo de aquel momento la joven.

El caso es que la malagueña tenía muy claro lo que estaba buscando: “Busco a alguien que sea guapo. La belleza no está en el interior”, afirmó, echando por tierra en cinco segundos el trabajo de décadas de la factoría Disney.

Y entonces irrumpió Sebastián, un cachas sevillano, empresario de éxito de 30 años, con una imagen que, según él, “es de prepotente, chulo, mujeriego…”: “Pero luego me gusta callar las bocas porque cuando me conocen dicen ‘hostia’… sobretodo las mujeres”, explicó el chaval.

Cuando la chica vio a Sebastián, la bordería se le fue a los pies en un momento. “Me gustan hombretones, que tenga dónde coger”, reconoció ante la cámara.

Y el placer fue mutuo, porque cuando Sebastián vio a Alicia, no pudo evitar fijarse en sus… bueno, que lo explique el chico: “Tiene buenos meloncitos, me gusta, yo soy de tetas gordas”.

Y precisamente los pechos de la chica sirvieron para romper el hielo: “Repito en el programa. Me gustan los tíos como tú y la vez anterior me pusieron un canijo mirándome superdescarado, comiéndome la oreja. Empezó mirándote las tetas…”, aseguró la chica quien, en un momento dado, se percató de que su nueva cita también estaba observando esa parte de su anatomía. “¡No me mires más!”, exclamó, señalándose el escote.

Ante la cámara, el chico no ocultaba lo sucedido: “Es que es lógico, para qué lleva tanto escote”, afirmó, antes de matizar que “tiene un físico espectacular”, si bien “si se quedase un poco más fitness sería un cañonazo”.

Mientras, la cita comenzaba a subir de temperatura por momentos:

– Alicia. Yo soy muy blanca, blaquísima, si me vieras las piernas o el culo, achicharrado.

– Sebastián. Llevas tanga… como tienes buen culo

– Alicia. Y cómo lo sabes. ¡Qué calor hace!

Ante la cámara, la chica no ocultó que el chico le gustaba mucho y que la conversación le había puesto un tanto tensa: “Me ha puesto nerviosa, es mi prototipo”.

El caso es que, a medida que la noche avanzaba, la castigadora afilada se iba convirtiendo poco a poco en una dulce gatita:

– Sebastián. ¿Qué has pensado al verme?

– Alicia. He pensado que estás bueno.

– Sebastián. ¿Han acertado?

“Me ha gustado mucho, la verdad. Físicamente me ha encantado, todo muy agradable, habéis dado en el clavo”, exclamaba Alicia con una sonrisa de oreja a oreja.

Y con estos inmejorables ingredientes se plantaron en la sentencia final. Sólo una hecatombe podía hacer fracasar lo que, aparentemente, era perfecto:

Sebastián no dudo en que quería una segunda cita: “Estoy encantado de conocerla”, le dijo.

Pero Alicia… Alicia dudó aún menos que Sebastián en que quería volver a ver al chaval: “Por supuestísimo que sí, es muy guapo”.

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