Muchas personas piensan que quieren cambiar al mundo, pero no se les ocurre cambiar ellos mismos. Es decir, quieren primero volar sin antes caminar. Primero se debe empezar por lo menos difícil. Sí, por lo menos dificultoso, pero ¿Por qué lo menos difícil? ¿Eso quiere decir que cambiar uno mismo es complicado?

La lucha que podrías tener y sientes que no da resultados

Aunado a la introducción de este post, pues sí, imagínate cambiar el mundo. Sería imposible, pero si podrías aportar tu granito de arena influyendo en los demás. Pero ¿Cómo? ¿Será predicándolo solo con palabra? O ¿Implica algo más? Claro que sí, lo que mueve a otros es el ejemplo. Es más, hay un dicho muy conocido que es “el ejemplo arrastra”. Por lo tanto, hablar con el ejemplo, es la mejor táctica para influir en otros.

Sin embargo, podría pasar que crees y confías en algo en especial que quieres que se haga realidad. Pero, los de tu alrededor son indiferentes y no les interesa o que piensas o crees, eso podría ser frustrante.  Asimismo, tú luchas depositando tu vida en ello y decides mirar a los lados y ves a los demás indiferentes.  Eso suele decaer en tu propósito de influir en otros para bien.

El ejemplo del colibrí

Había un bosque que se encendió en llamas, con una gran magnitud estaba acabando con este. Y un colibrí decidió hacer algo y fue al rio, mojó sus alas y se las echaba al fuego, tratando de apagarlo. Asimismo, haciendo esto vez tras vez. Los demás animales del bosque lo vieron. Por lo que le dijeron que deje de hacer eso, que es inútil.

Sin embargo, el colibrí les explicó que ese era su hogar. Por consiguiente, quería hacer algo por él y era apagar ese gran incendio. Igualmente, los demás animales del bosque decidieron ayudarlo y poco a poco fue apaciguándose el fuego hasta que se exterminó.

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